Nos ha saltado a la actualidad un expresidente diciendo que la selección de fútbol de Francia carece de franceses. Sus acólitos, inasequibles al desaliento, le defienden diciendo que es una ironía. Vamos, que no hemos pillado el chiste. Mientras tanto, el susodicho no ha respondido, aunque podemos decir en su defensa que nunca fue de reacciones rápidas.
Las réplicas no se han hecho esperar, procedentes de propios y extraños. Hasta la extrema derecha francesa, cosas veredes, le ha dicho que de qué va. Si eso no desbloquea algún logro del juego, ya me dirán. Rajoy se ha quedado tan solo que —ja, ja— seguramente le piten fuera de juego.
Los chistes sobre la selección francesa son un lugar común en España. Un servidor, que ya tiene unos años, recuerda los que se hacían con la Francia de 1998. Muchos iban dirigidos a Zidane, nacido en Marsella. Está claro que los hechos no detienen al racismo, si fuera así no existiría.
Y eso que últimamente se habla mucho de la identidad europea, porque hay gente que no se siente cómoda si no pone más fronteras. Necesitan negar la influencia constante entre Europa y África, sus historias de migraciones constantes, de mezclas y aprendizajes. También de conflicto, claro, pero ¿acaso el conflicto no ha sido también frecuente intraeuropa? Como en aquellos mapas viejunos del colegio, quieren mirar por un lado lo geográfico-físico y por otro lo político. En lugar de abrazar la riqueza de nuestras ascendencias compartidas prefieren dar carnets de europeo en base al color de piel.
La verdad, el patinazo de Rajoy sería gracioso si no llevásemos ya tiempo oyendo hablar de espantajos como la “prioridad nacional”, especialmente por el Partido de la Kaja, y viendo como España, junto con Europa, se mira con insistencia al ombligo de cara a cerrar sus fronteras.
Como si existiera un derecho natural que hiciera que la tierra fuera de alguien. Como si las nacionalidades fueran algo real, y no una cómoda ficción creada para gestionar recursos y excluir al otro por azares de descendencia o nacimiento.
Si no hubiera naciones… no voy a negarlo, habría que hacerle algún cambio al Mundial de Fútbol. Pero, yo qué sé, si se han podido poner pausas para hidratarse en estadios con aire acondicionado seguro que se les ocurriría algo. Y sin naciones los racistas tendrían que esforzarse mucho más para sacar adelante sus «reflexiones». Afortunadamente, ese nunca fue su punto fuerte.
Mientras tanto, dos equipos con raíces diversas se habrán enfrentado esta noche. Estará bien que alguno gane siempre que el racismo pierda.
Le doy al » me gusta» y no veo que opere…¡ Conciso y preciso!. Buen día.
Yahoo Mail: Busca, organiza, conquista
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