El fantasma de las navidades pasadas

La nostalgia es una condición curiosa. No es una enfermedad, aunque te puede llevar a sufrir. No es un placer, aunque tiene un componente placentero. No sé muy bien qué es. Quizás lo más apropiado sería decir que, bien entendida, se trata de un vicio tirando a inocuo al que dedicamos algunos ratos muertos, como explotar espinillas.

Si tuviera que hacer una definición de andar por casa, diría que la nostalgia es el recuerdo anhelante de un sentimiento1 positivo que ya no logramos encontrar en nuestro interior. Cuando el paso del tiempo cambia el sabor de nuestros sentimientos rellenamos el hueco con nostalgia para evitar que se derrumbe nuestro edificio mental.

Todos los recuerdos nostálgicos tienen un contexto, normalmente idealizado, y solemos nombrarlos en base a ese contexto (“nostalgia de la juventud”, “nostalgia del primer amor”, cosas así). Pero el combustible de la nostalgia no es el contexto, sino la sensación que nos producía aquella situación concreta. Ese frío ascendente en la espalda del primer beso, la seguridad que te generaba la ciudad en la que diste tus primeros pasos, la euforia de correr detrás de un escandalizado grupo de palomas. Esas cosas ya no existen, y su recuerdo es lo que produce la nostalgia. Por supuesto, muchas nostalgias están asociadas a personas, y a las sensaciones y sentimientos que nos producían.

La nostalgia no esta mal para una visita, pero no es un buen sitio en el que vivir.

Porque con la gente pasa lo mismo. Uno de los mayores placeres de la vida es observar cómo van cambiando con los años los seres que quieres, pero esto viene acompañado por la nostalgia de las personas que fueron. Nosotros tampoco somos quienes fuimos. También alimentamos la nostalgia de alguien.

El cambio de año es un momento perfecto para la nostalgia. La nostalgia no esta mal para una visita, pero no es un buen sitio en el que vivir. Es mejor dedicar el presente a construir nostalgias futuras, y lucir con orgullo nuestras nostalgias como trofeos de hermosos sentimientos que tuvimos en el pasado. El año es largo. Da tiempo a todo. Y una mente llena de nostalgias es señal de un pasado lleno de belleza.

Por otra parte… ¿por qué quedarnos ahí? Construir en el presente futuras nostalgias es un buen ejercicio, pero, si nos sentimos con ganas de juerga, también podemos empezar a sentir una especie de alegría anticipada, una nostalgia hacia delante, por los buenos sentimientos que tendremos. Piensen en el futuro y en la alegría que sentirán el año que viene. Es fácil de hacer. Es como cuando nos preocupamos mucho y sufrimos muy fuerte por cosas que aún no han pasado, pero al revés. Aunque lo que tememos no suceda, la preocupación fue real. Nada nos impide hacer lo mismo con la alegría y cobrar algunos intereses por anticipado.

Aún así, viajes mentales aparte, no hay momento como el presente. Yo soy muy fan del presente; es mi tiempo verbal favorito: siempre puedes contar con él. Es el único momento que de verdad existe sin necesidad de ajustes ni proyecciones. Para disfrutar del presente no hace falta suscripción premium, y está al alcance de cualquiera.

Así pues, celebremos el presente. Recordemos el pasado. Disfrutemos el futuro. Que tengan un feliz 2018.


  1. En esta entrada estoy solapando con cierta liberalidad los términos “sensación” y “sentimiento” a efectos meramente expresivos. No me lo tengan muy en cuenta. 

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