Cómo comprar un bebé (sano)

Pat y Prim quieren tener un hijo pero no pueden. Quizás no cumplen los requisitos anatómicos, o es que no son fértiles, o han sufrido alguna enfermedad que se lo impide. Da igual. El caso es que quieren tener un hijo, y el programa electoral del partido Naranja les dice que tener hijos es un derecho fundamental de las personas, como la vida o la salud. Así que se ponen a mirar alternativas.

Adopción no, porque a saber dónde habrán estado antes esos niños pobres, perdón, esos “pobres niños”. Tampoco se puede obviar que no tienen tu pedigrí, tu código genético. Además, los orfanatos son lugares sórdidos donde les enseñan a robar y salen todos drogadictos o podemitas, o las dos cosas. Y, a ver, la adopción es un poco como un mercadillo de segunda mano, que hay cosas chulas, pero te la juegas con la calidad. Así que, mirando, mirando, deciden que lo mejor es encargar un niño. ¿No les enseñaron acaso hace muchos años que los niños se encargaban a la cigüeña? Bueno, pues ahora, en lugar de en Paris, hay cigüeñas online con outsourcing.

Encuentran una agencia muy apañada, que enseguida les informa que ahí no hay vientres de alquiler, porque el término correcto es “gestación subrogada”. Que no alquilan nada, que se compra el producto completo. Todo como mucho más limpio y más serio. Allí les garantizan, con una amplia oferta de programas integrales, que conseguirán un “niño sano” ¡y se puede elegir sexo! Por supuesto, Pat y Prim no se paran a pensar cómo se garantiza un “niño sano” ni qué pasa con la mercancía defectuosa. De esas cosas se encarga la agencia y la avanzada legislación del país elegido para subrogar. Porque, aunque Pat y Prim viven en uno de esos retrógrados países donde no se admite la gestación subrogada, al fin y al cabo, la situación es absolutamente legal porque hay un contrato.

Es importante que haya contrato, porque así las cosas están claras. Y es que a veces hay gestantes subrogadas que se les sube lo de “madre” a la cabeza y quieren quedarse con su hijo en lugar de dárselo altruistamente a otra persona. Recordemos que tener un hijo es un derecho, pero sólo si eres tú quien lo está comprando. Otras gestantes subrogadas se niegan a tonterías como que se aborten embriones viables en el caso de embarazos múltiples o de embriones que no cumplan las condiciones estipuladas en el contrato. El contrato es un absoluto, sepan ustedes. Esas díscolas subrogadas son unas escandalosas y unas sindicalistas que no volverán a parir con nosotros, se lo aseguro, y muerto el útero se acabó la rabia. A fin de cuentas, quién necesita derechos humanos teniendo contratos. Tanto manifestarse por el aborto y ahora ponen problemas por hacerlo obligatorio.

Así que, tras comparar precios y servicios, finalmente firman. Cada cierto tiempo les dejan ver a la gestante subrogada sujetando el periódico del día, para asegurarse de que está viviendo una vida virtuosa durante los meses de contrato, no vaya a ser que se infle de chuches o escuche heavy metal. Estas gestantes subrogadas, con lo poco que tienen, y siempre sonriendo. En las reuniones la gestante subrogada les agradece la oportunidad que le brindan de ser altruista, porque siempre fue la ilusión de su vida criar para otros y perder el control de su cuerpo a cambio de una modesta contraprestación, descontando la parte del intermediario. En las videoconferencias hay un representante de la agencia con ella para asegurarse de que no se cansa demasiado al darle al botón del Skype. Ante todo, precaución. Queremos un bebé sano.

Llega la fecha. El programa plus te permite asistir al parto. El día más feliz de sus vidas. Pat y Prim lloran; la madre, perdón, la gestante subrogada también llora mientras le arrancan el fruto de la subrogación para ponerlo en brazos de su legítima familia, que quien paga manda. Ahora sólo queda hacer uso del photoshop para borrar a la intrusa de las instantáneas y un poco de birlibirloque legal para que Pat y Prim puedan llevarse a casa a “su” hijo con “sus” genes. Mira cómo aprieta la manita. Los genes son importantes, todo el mundo lo sabe, hasta las cremas antiaging llevan ADN. Mira cómo me sonríe. ¿No debería ser un poco más moreno? Ya, ya; hay que presentar la factura para activar la garantía.

Lo mejor de todo es que Pat y Prim han conseguido lo que querían y, además, han ayudado a una mujer pobre a mejorar su vida. Natalidad y filantropía. Es un win-win. ¡Y sin alquilar nada! Viva el libre mercado.