El wifi pa quien lo trabaja

Ayer pasé por delante de una plantación de interné. Nunca había visto una: Son estructuras impresionantes, pero las condiciones de trabajo son leoninas. Te tienes que levantar muy temprano por la mañana para regar las arrobas, hasta el punto de que hay quienes prefieren dormir en los propios invernaderos. Esto lo hacen voluntariamente, por supuesto.

No es explotación, es por amor al trabajo. No es raro ver al terrateniente pasando por las plantaciones al atardecer, montado en su brioso alazán, mandando a sus jornaleros para casa. Y se queda muy disgustado, al borde de la lágrima, cuando estos le dicen que no, que mejor se quedan. Es un trabajo muy sacrificado, el de terrateniente.

Y es que las arrobas de las que se saca el interné son muy delicadas. Cualquier error en la cadena del frío las echa a perder y se convierten en almohadillas. Antes, cuando te pasaba eso sólo podías tirarlas, aunque ahora hay quien las revende a Twitter a bajo precio. En el fondo no deja de ser interné que se ha puesto malo, y por eso últimamente hay tanto #hashtag que huele mal.


–Que te digo que tienes que cogerte los moscosos aunque vengas muy feliz a trabajar…

Las arrobas tienen que plantarse en el primer día de primavera y regarse todos los días con aceite de carburador. Las heladas o el pedrizo te las pueden echar a perder fácilmente, y por eso mucha gente prefiere utilizar invernadero. La gente que se dedica al cultivo de interné es fácilmente identificable porque está todo el día mirando al cielo por si se avecina granizo. Y es que hay quien se piensa que interné crece de los árboles cuando, en realidad, es una hortaliza.

Las arrobas son un cultivo de temporada, por eso antes sólo había interné tres meses al año. Ahora no pasa nada, con el uso de invernaderos y con la globalización podemos estar todo el año usando datos en el móvil, y ni nos damos cuenta. Cuando yo era pequeño siempre se guardaba algo de interné en el congelador fuera de temporada para alguna emergencia, y el resto del año nos comunicábamos a voces. Eso sí, el Fortnite era mucho más aburrido: estabas todo el rato talando árboles y paseando por un bucólico paisaje y no como ahora que es todo mucho más estruendoso.

Y es que estamos llegando a un grado de desconexión del medio preocupante: muchos niños se piensan que internet crece directamente de los routers, y no se preguntan cómo ha llegado hasta allí. Recuerdo que en mi infancia iba con mis abuelos a un pequeño huerto de arrobas que tenían. No daba gran cosa, pero, como ellos decían, el whatsapp que has plantado tú parece que sabe mejor. El interné de casa siempre ha tenido otro gusto. Ahora es muy difícil encontrar interné casero.

El whatsapp que has plantado tú parece que sabe mejor

Hoy en día el problema con interné es que se queda todo el beneficio el intermediario. Compran la arroba en origen a 2 céntimos el kilo y a ti te lo venden a 39’99€ con la excusa de que te regalan 1000 minutos de teléfono. ¿Teléfono? ¿Por quién nos han tomado? ¿Hablar dos personas en simultáneo, en vez de por mensajes de audio? ¿Que te interrumpan en el minuto 4 de tu alocución? ¿Que es esto, el maldito siglo XX? No nos engañan. Queremos nuestro interné sin adulterar.

Pero a veces se nos olvida que nuestro modo de vida exige condiciones rayanas en la esclavitud para mantenerlo. Hablo sobre todo de los pobres terratenientes, montados en briosos alazanes, que no consiguen que los jornaleros se marchen a casa al final de la jornada.

Y, aunque no sufran tanto como el terrateniente, tampoco nos podemos olvidar de la gente que viene voluntariamente en pateras a cumplir su sueño de infancia de trabajar en las plantaciones de interné. Ni de quienes secretamente, en el fondo, soñaban con haberse hundido voluntariamente en el fondo del mediterráneo, que es otra aspiración común en muchas partes del mundo. Sus costumbres1.

Se ven, en cambio, aquí, viviendo esta vida de farolillos que no se merecen. La vida es injusta.

Y es que a veces parece que el wifi crezca de los árboles.


  1. Algunos, algunas, en las noches largas, mientras comparten un cigarrillo para espantar el frío si el rocío refresca, hablan de otros mundos con los que ni se atreven a soñar. Cómo sería el mundo si el wifi fuera pa quien lo trabaja. Calla, calla. Que te van a oír. 

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