Marie Kondo: una visión (ligeramente) nihilista sobre el método de moda

Lo mejor de tener un blog es que cuando alguien llega a casa y te pilla viendo el programa de Marie Kondo siempre puedes decir que te estabas documentando para escribir una entrada. Lo peor es, bueno, que luego tienes que escribirla para disimular. Así es la vida. Todavía doy gracias porque no me pillaran con Madres forzosas1.

Por si han estado viviendo últimamente en otro planeta, les resumo que Marie Kondo es una señora japonesa que ha puesto patas arriba el mundo del orden2 con su revolucionario método, que consiste, vagamente, en tirar a la basura (en bolsas negras) todo aquello que no te “inspire alegria3“: Ropa vieja, ese jarrón que te regalaron el día de tu boda, la quinoa que tienes en el congelador…

Para aumentar el valor empírico de este documento estoy siguiendo el método Marie Kondo. Pero, como soy un moderno, en realidad sólo lo estoy aplicando en twitter: voy una a una y me quedo sólo con las cuentas que me hacen feliz. Y, si les soy completamente sincero, tampoco lo estoy haciendo realmente así: he empezado borrando cuentas con unos criterios y los voy cambiando sobre la marcha porque no lo puedo evitar. Algunas cuentas supervivientes del final no habrían superado los estándares del principio. Algunas cuentas borradas del principio habrían superado los estándares del final. A mí me gusta pensar que soy un rebelde, pero creo que más bien soy inconstante.

Así que supongo que si aplicas el método Marie Kondo en tu casa te acaba pasando lo mismo. Me lo imagino: ¿Me hace feliz esta camiseta de Extremoduro que me compré en un concierto en 1997, o no? Ni puta idea, lo que me haría feliz sería acabar de ordenar y ver una peli, así que estoy dispuesto a hacer concesiones o, inclusive, a aplicar un muestreo aleatorio para elegir lo que tiro con tal de llegar antes al final de esto.


“Con un pooooooco de azucar la píiiiiiiiildora que os dan…”

En general, creo que el método subestima la fuerza de lo impredecible o, peor aún, la conoce y la usa a su favor para que tiremos trastos sin un criterio real. Lo cual tampoco está tan mal, si lo piensas. Sospecho que el secreto del Método Kondo reside en su primer paso: saca de los armarios toda la basura que acumulas y ponla en montones. Y ahora ya no te queda más remedio que ordenar o irte a vivir a un hotel. Estoy seguro de que la gente del programa no lo hace porque hay cámaras y les da vergüenza.

Yo no me atrevo a probar porque me veo durmiendo durante seis meses hecho un ovillo entre dos montañas de objetos inútiles, utilizando al perro para darme calor, comiendo latas de habichuelas calentadas en un camping-gas que he tenido que comprar porque la vitrocerámica está llena de cacharros de cocina que aún no he decidido si me alegran lo suficiente, tocando la armónica mientras la cena llega al punto de ebullición…

Porque lo de “quédate sólo con las cosas que te inspiren alegría” puede muy bien ser una coartada. El método en versión honesta podría ser: “tu verás, ahora mismo tienes tu cama hasta arriba de montones de mierdas que nunca usas. Te cuesta menos meterlas en una bolsa de basura que volver a ponerla en el armario”. Lo que pasa es que es otra cultura, y una señora nipona es demasiada educada para decirte algo así, aunque lo piense. O a lo mejor quedó así al traducir del japonés.

¿Lo que me inspire felicidad? Me veo utilizando nueve definiciones distintas de felicidad sólo con el cajón de los trapos de cocina y no funcionando ninguna. Me veo poniéndome a filosofar sobre el devenir de la vida, sobre si es más importante la felicidad o el sentido, el éxito o la bondad. No quiero ni pensar lo que ocurriría al llegar al cajón de los tebeos.


“”En el primer cajón la cocaína, en el segundo la marihuana y en el tercero el crack. ¡Hay que mantener las drogas ordenadas!

Ya, ya. Kondo dice que no debe ser una decisión racional, sino emotiva. Pero yo estoy seguro de que, si aplicara su método, la emoción más fuerte que sentiría serían las ganas de mudarme. Además, puede no ser tan buena idea quedarte sólo con las cosas que te alegren. Me imagino un programa de Marie Kondo visitando la casa de un narcotraficante. “La marihuana produce tranquilidad, el speed te da energía, el MDMA te da amor”. Al final, deciden tirarlo todo menos el jaco, y en la visita de seguimiento descubrimos que el protagonista es ahora el presidario con la celda más ordenada de la Modelo.

Porque ese es un detalle importante. En el programa te vienen a visitar a casa para ver cómo lo estás haciendo. Es una suerte que tan solo por leerte el libro no venga la propia Marie Kondo a tu casa, porque tiene pinta de ser una persona a la que duele decepcionar. Se la ve tan contenta… Aunque, bien pensado, yo también parecería feliz si la gente me recibiera en sus casas como si hubiese curado el cáncer, cuando en realidad voy a explicarles una forma de doblar las camisetas para que ocupen poco espacio.

Creo que el éxito de Kondo se debe a que, en el fondo, somos conscientes de que tenemos demasiado de todo y, aún así, a veces nos falta demasiado lo necesario. Yo he empezado ordenando twitter por el convencimiento cada vez más directo de que la información creciente está disminuyendo mi conocimiento de la realidad, cuando debería ser al revés. Y twitter es más fácil de ordenar: porque no es lo mismo dejar de seguir una cuenta que tirar a la basura tus patines en línea o tu guitarra eléctrica. Aunque no tengas los criterios claros.

Además, siempre puedes dejar la tarea a medias y seguir teniendo disponible algún mueble en el que poder dormir.


  1. En realidad sí que me pillaron, pero no tuve la agilidad de echarle la culpa al blog. 
  2. Por lo visto, existe un mundo del orden. A mi no me miren, yo siempre voy con el caos. 
  3. “Inspirar alegría”, o “hacerte feliz” son las traducciones habituales que se han utilizado del término inglés “spark joy”, que a su vez será la traducción de algún abtruso término japonés que probablemente signifique algo completamente distinto. Bendita riqueza idiomática. 

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