Nueve años.

Largo es el arte. La vida, en cambio, corta como un cuchillo.

Ayer hizo nueve años del fallecimiento de Ángel González. Por utilizar un símil muy cinematográfico, Ángel González tenía un gran éxito entre la crítica y un éxito discreto entre el público. Esto es una verdad a medias: a fin de cuentas, la poesía es, a día de hoy, la hermana pobre de las Artes. Pero, aún así, hay un star system poético cultureta definido: Lorca, Machado, Espronceda, Gloria Fuertes, Miguel Hernández… Normalmente está definido por aquellas poesías que nos hicieron memorizar en la infancia, pero también por su impacto en la cultura popular: Fusilamientos e historias de la guerra civil, canciones de piratas, momias que tienen catarro. Supongo que ya saben por dónde voy.

Desgraciadamente, Ángel González no está en este estrellato lírico ni en el circuito mediático underground de la poesía cotidiana. Tampoco es de extrañar. ¿Cuántos poetas con obra publicada después de 1950 somos capaces de nombrar? ¿Algún contemporáneo? ¿El título de algún libro de poesía de los últimos diez años, si me hacen el favor?

Antes –antes– creía ver la supervivencia de la poesía a través de su travestimiento en letras de canciones. A fin de cuentas, lo que ahora entendemos por “música”, eso que oímos en la televisión y las radiofórmulas, es en realidad un híbrido entre música propiamente dicha, canto y poesía. O al menos así parecía ser antes -¡antes!– cuando la música era un arte, no un producto ni un servicio.

Ahora es difícil encontrar poesía. No hablo de la poesía de una puesta de sol ni de la risa de un niño, ni de la poesía cotidiana de un perro moviendo el rabo, no se me pongan estupendos. Me refiero al acto meditabundo de poner en un papel frases cortadas a cachitos, con rimas, si es que te has levantado con especial salero, y del acto consecuente de compartir esas veleidades artísticas con el respetable, todo ello mientras consigues no morirte del todo de hambre. Y, por más que Bequer dijera que podrá no haber poetas pero siempre habrá poesía, a mucha gente nos resultaría mas apetecible que esta forma de expresarse gozara de mejor salud.

También nos gustaría que se recordase el aniversario de la muerte de Ángel González en las portadas de las noticias, en lugar de hacernos notar, durante algo más de media hora por informativo, qué equipo de deporte mayoritario ha sido trending topic.

Pero no nos afligiremos más allá de lo que exijan los endecasílabos. A fin de cuentas amamos la poesía porque sí, no porque nos convenga y, descontextualizando las palabras del maestro, este amor ya sin mí te amará siempre.

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