Lecciones que aprendes al arrojar el móvil por la ventana

Cuando ves cómo tu móvil se precipita por la ventana al intentar librarte con total impunidad de las migas del mantel sin tener que usar una escoba puedes caer en la desesperación o aprender unas cuantas cosas antes de que toque el suelo:

En primer lugar, que mucho de lo que parece importante en realidad no lo es tanto. La tecnología móvil no es la penicilina. Está bien poder conectarte al feisbuk desde el cuarto de baño y poder saber si tu ex-pareja del instituto se ha hecho una endodoncia, pero espero que hayamos abandonado las cavernas para perseguir fines más elevados. Es más, es muy posible que los teléfonos móviles estén acabando con nuestra capacidad de concentración y de realizar trabajo profundo, así que, ya saben, la ventana está ahí mismo.1

En segundo lugar, que el valor del dinero es relativo. O, matizando, que el valor del dinero solo es real si lo necesitas. El dinero es valioso porque aceptamos la ilusión de que es valioso.2 Pasado cierto nivel de bienestar tener más no te hace más feliz. Si utilizas dinero para satisfacer demandas accesorias no debería importarte demasiado no tenerlo. Si necesitas lujos ya no son lujos, sino necesidades. Y si te importa mucho la falta de algo innecesario, eso es una mala señal. Que no te importe demasiado casi nada. Cuantas menos cosas te importen mejor te preocuparás por ellas.

En tercer lugar, que las cosas pueden cambiar muy rápidamente sin avisar. El cambio es, paradójicamente, de los pocos elementos inmutables que parecen poblar el universo. Disfruta cuando puedas, llora cuando debas. Bueno o malo, pronto pasará. Sic transit gloria mundi. Memento mori. این نیز بگذرد‎‎3. Bueno, creo que ya se hacen a la idea.

En cuarto lugar, que hay que hacer copias de seguridad. O estar dispuesto a perder las cosas. Si no lo has copiado, o no te importaba o eres imprudente. Según sea el caso, descubrirás que puedes vivir sin ello o habrás aprendido una valiosa lección. Si no sabes cuál, sugiero regresar al comienzo del parrafo.

Si tiras un iPhone X por la ventana, él solito activa el modo avión, planea hasta el aeropuerto de Bruselas y exige un juicio con garantías.

En quinto lugar, que da igual cuántas copias de seguridad hagas: existe el riesgo de perderlo todo.4 O, si no todo, algo que no esperabas, ni podías, ni creías poder soportar perder, así que ahórrate disgustos y entrénate mentalmente para la posibilidad de perderlo todo. Esas gentes que ves en la tele que pierden lo que no podían permitirse perder es como tú, y tú, alguna vez, serás como ellas. Esta lección te será más útil a medida que pasen los años y empiecen a desaparecer cosas que no sabías que podían desaparecer. Como es muy posible que con el tiempo también olvides este pensamiento te vendrá bien el siguiente.

En sexto lugar, que no se obtiene nada si te tratas con excesiva dureza. Las cosas se caen. Eso es aplicable para los móviles y para la anatomía humana en general. Lo llamamos Ley de la Gravitación Universal porque es universal. Darte voces mentales y tratarte muy mal en el interior de la cabeza no va a ayudar, al contrario. Entre la complacencia y el maltrato hay un abismo de posibilidades, así que no me sean dualistas. Si el objetivo es no cometer errores bien podrías cambiarlo por volar moviendo las orejas y mantener las posibilidades de éxito.

En septimo lugar, que una herramienta puede ser la más sútil de las trampas. Las herramientas te dan, pero también te quitan. No te fíes demasiado de las herramientas, no dependas demasiado de ellas o te estarás construyendo una prisión a medida.5 Si dependes mucho de algo, prueba a vivir sin ello, a ver qué pasa. Como poco aprenderás algo. Y, quién sabe, a lo mejor acabas tirando más cosas por la ventana. Acuérdate de mirar antes de hacerlo, por si acaso.

Por último, si no otra cosa, está la valiosa lección de que el civismo tiene recompensa. O quizás es que el incivismo tiene castigo. Aunque, bien pensado, hay bastantes ejemplos en contra de las dos posibilidades.6 Pero por si acaso, abraza la buena vecindad y ama el civismo por lo que es, y no por sus recompensas.7 Lleva el mantel a la cocina y tira allí las migas, aunque luego no las barras. El perro te lo agradecerá, y el barrio estará más limpio.


  1. Para el móvil. No me sean cafres. 
  2. Bueno, y porque una entidad respaldada por el Estado avala ese valor. Es lo que se entiende por dinero fiduiciario. Pero ya entienden ustedes lo que quiero decir. 
  3. Esto también pasará 
  4. Más bien la certeza. Releete el punto 3, anda. 
  5. El café no cuenta. 
  6. Esta es una lección bastante mierdosa pobre. 
  7. Como lección, esto ya está mejor. 

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