¿Y si no quiero salir? Manual práctico – Por qué “sal de tu zona de confort” es un consejo penoso (III)

Esta semana terminamos el camino por el apasionante mundo de “sal de tu zona de confort” iniciado hace un par de semanas. En la primera entrada de la serie hicimos una autopsia grosera del consejo y de sus trampas más evidentes. La segunda entrada estuvo dedicada al nivel metafórico, donde se reveló el contenido ideológico de la expresión y su escasa neutralidad técnica.

Esta semana culminaremos la exposición manchándonos las manos con aspectos (algo más) prácticos1, revisando las distintas alternativas a “salir de tu zona de confort”.

1. Un poco de Pareto, un poco de zen.

“Sal de tu zona de confort” es un consejo de productividad tan extendido que, a día de hoy, te lo puede dar tu frutero para recomendarte que te lleves granadas en lugar de mandarinas. Ya señalamos la idea implícita que pulula en ese consejo de que tu vida tiene que cambiar porque está mal, y la solución a tus problemas está en el cambio de tus costumbres y manera de ser.

Empecemos con otra idea que puede contrarrestrar en parte la anterior: Las causas no generan efectos de forma uniforme. De hecho, en muchas situaciones un número limitado de causas pueden producir un número enorme de efectos. Esto no es un fenómeno universal, pero sí está bastante extendido, y se ha popularizado con el nombre de “Principio de Pareto”, en base a sus observaciones de que la propiedad del 80% de las tierras y la riqueza se concentraban en el 20% de la población.

Lo que realmente nos interesa es tener en cuenta que el cambio que necesitas (si necesitas un cambio) puede depender de un pequeño ajuste en las causas, y no de una revolución vital. Un pequeño golpe en el lugar adecuado puede derribar una torre con mejores resultados que una sinfonía de violencia en las zonas bien defendidas. Y los elementos que generen el cambio que quieres o necesitas no tienen por qué estar “ahí fuera”. A veces no tienes que derrumbar tu zona de confort, vender todas tus propiedades y mudarte a Indonesia, sino que basta con identificar las causas más efectivas (las que producen mayores efectos) y trabajar sobre ellas.

“Déjate de Golden. Vas a salir de tu zona de confort y probar esta Pink Lady así te la tenga que meter por la productividad p’abajo”

Esto nos lleva de nuevo al zen, del que ya tomamos prestada hace un par de semanas la idea de la práctica sin expectativa. Tenemos otro prestamo que hacer, muy relacionado con el anterior: la idea del esfuerzo justo.2

Decíamos que la práctica sin expectativa pone el énfasis en el proceso por encima del resultado. En un mismo sentido, la idea del esfuerzo justo, o esfuerzo perfecto, desvincula el resultado final de la cantidad de esfuerzo. Es decir, la cantidad de esfuerzo no es tan importante como la cualidad del mismo. El esfuerzo justo, el esfuerzo perfecto no es solamente suficiente, sino que es el óptimo. “Más” esfuerzo no significa “mejor” resultado. Más incomodidad no significa mejor desempeño. ¡Ojo! Esto no quiere decir que lo que quieres conseguir se pueda conseguir sin esfuerzo. Quiere decir que 1) la relación entre esfuerzo y resultado no es directa, sino que, por encima de un nivel, aumentar el esfuerzo puede disminuir el resultado y que 2) no todos los esfuerzos son iguales. Si quieres abrir una puerta es mejor girar la manilla que empujar con todas tus fuerzas. La vida está llena de manillas, pero hay veces que lo único que haces es empujar.

Más aún, el esfuerzo justo no tiene por que venir de “fuera”, sino que puede provenir de la maestría de las habilidades que ya posees. En terminos “saldetuzonadeconfortistas”, podríamos decir que a lo mejor la “magia” que necesitas está en ti, y no en el exterior. Imagínate tu zona de confort como un sanctasanctórum donde todo es posible, donde tu poder alcanza el máximo de su capacidad.

Pero esto puede no ser suficiente. Si te estás planteando seguir consejos como “sal de tu zona de confort” es posible que necesites una reevaluación sistemática, quizás de tu vida o quizás de tus planteamientos. Así que antes de hacer nada…

2. Revisa tus expectativas.

Esto que voy a decir es altamente impopular pero… ¿de verdad necesitas ese cambio que dices querer? A estas alturas (y en estas fechas) todo el mundo está familiarizado con el concepto de “necesidad creada”, pero a veces se nos puede pasar por alto que es una idea que también se aplica en el campo de la autoayuda. Si antes de que vinieran a decirte que tu vida es un asco y que tienes que alcanzar tu pasión y vivir tu leyenda tu vida actual estaba bien, te encontrabas a gusto y habías conseguido algunos objetivos vitales importantes ¿es realmente necesario salir de tu zona de confort para perseguir ese objetivo? Revisa tus expectativas, y asegúrate de que ese objetivo que ansías es un objetivo real, y no un enamoramiento irracional o consecuencia de la publicidad.

Al igual que el amor, tus sueños deberían impulsarte, no destruirte.

Ya. Ya sé lo que dice la cultura pop. Si un coche de un desguace desea con toda su fuerza ser un coche de carreras lo logrará. Si quieres ser astronauta y lo deseas con todas tus fuerzas, lo lograrás. Si quieres ser cantante y no tienes voz pero lo deseas con todas tus fuerzas el universo conspirará para que lo deseas.

Últimas noticias. Tu vida no es un peli de Disney, ni un libro de Coelho. Es posible (sólo posible) que tus expectativas sean erróneas, y que las tengas que cambiar. “Seguir tu pasión” puede ser un mal consejo, especialmente si tu “pasión” se parece más a un proyecto de aniquilación del yo con escaso anclaje en la realidad. No quiero parecer cínico, pero si para conseguir lo que quieres se te exige una remodelación casi completa de tu persona, deberías pensarlo dos veces. Entre el conformismo y el autoengaño hay un océano de posibilidades. Al igual que el amor, tus sueños deberían impulsarte, no destruirte.

3. ¿Y si realmente quieres/necesitas un cambio? ¡No lo llames “zona de confort”!

Bien, has revisado tus expectativas, has reflexionado y la situación es intolerable. Es necesario tomar cartas en el asunto, lograr cambios importantes y hacerlo ya. Es el tiempo de la revolución.

Entonces, por el amor del cielo ¿por qué llamarlo “zona de confort”? ¡Es una zona de mierda!

“Si estás atravesando el infierno, sigue caminando”, dijo con tono literario Churchill, uno de los mejores motivadores de la historia. No hablaba él de zonas de confort, sino de sangre, sudor y lágrimas. Esperemos no tener que llegar a esos extremos.

“Si sales de tu zona de confort, luego no llores si la Wehrmacht la ha ocupado cuando quieras volver a ella”

Prochaska y Diclemente elaboraron un modelo de cambio para situaciones negativas que es interesante contemplar: El modelo considera seis fases distintas que forman un ciclo: precontemplación, contemplación, preparación, mantenimiento, recaída. Hay dos salidas del ciclo: desde la contemplación hacia una salida prematura, o desde el mantenimiento hacia la consolidación (que sería la salida que implica el cambio). ¿En qué fase estás? ¿Ya has intentado realizar ese cambio imprescindible? ¿Cuántas veces has fallado? ¿Has puesto tu cambio en movimiento, o es sólo una ensoñación diurna?

Lo realmente interesante de este modelo es que establece el proceso de cambio como un ciclo o, más exactamente, como una espiral. No es que se anime a sufrir recaidas, pero se contempla como una fase del proceso hasta llegar al cambio. Nadie ha dicho que cambiar sea fácil.3

Además, si eres un ser humano y llevas respirando un tiempo, seguro que has intentado cambiar aspectos de tu vida con resultados diversos. Algunas veces lo habrás conseguido y otras no. ¿No sería genial que alguien investigase qué métodos de cambio funcionan y cuáles no? Afortunadamente, “alguien” ya lo ha hecho. Varias veces:

Richard Wiseman realizó un estudio 4 en el que se contrastaba la utilidad de distintos métodos para conseguir cambios en la vida. Como conclusión, la gente que utilizaba los siguientes métodos tenía más probabilidades de conseguir el cambio deseado:

  1. Hacer un plan paso a paso.

  2. Hacer público el cambio que pretendes lograr.

  3. Pensar en las consecuencias positivas de lograr el objetivo.

  4. Recompensarse por los avances hacia el objetivo.

  5. Establecer un sistema de seguimiento del objetivo.

Por el contrario, fueron poco efectivas las siguientes medidas:

  1. Motivarse siguiendo el ejemplo de figuras modelo que se admiren.

  2. Pensar en las consecuencias negativas del fracaso.

  3. Intentar eliminar los pensamientos negativos

  4. Confiar en la fuerza de voluntad.

  5. Fantasear sobre la vida maravillosa que tendrás tras lograr el objetivo.

Ya de intentar cambiar, al menos pongamos la probabilidad de nuestra parte.

4. Bueno, es que en realidad tampoco estoy tan mal…

En este punto nos vamos a encontrar en la mayoría de las situaciones. Nuestra situación no es tan mala, pero realmente podríamos mejorarla. ¿Y quién no? ¿Qué hacemos si queremos cambiar pero la idea de salir de la zona de confort no nos resulta tan atrayente?

Haz tu zona de confort mayor. No es necesario “salir” de ningún lado. No inicies una carrera loca en pos de no se sabe qué. Recoge todo lo anterior y establece tus objetivos, pero no te sientas en la obligación de iniciar una persecución en pos del elefante blanco porque un panda de gurús terraformados insistan en ello.

Al hablar de la zona de confort, la gente que ha hecho mínimamente sus deberes basa su argumentación en la ley de Yerkes-Dodson, pero entendiéndola mal. Esta ley dice que existe un nivel de activación/ansiedad óptimo para conseguir un mejor rendimiento: por debajo de ese nivel subproducimos, y salir de la zona de confort significaría alcanzar ese nivel de ansiedad. Lo que la apología de la zona de confort suele olvidar es que por encima del nivel óptimo también subproducimos. La conclusión evidente es que el nivel óptimo de motivación puede estar dentro de la zona de confort, y no fuera. Esto es especialmente cierto en el caso de personas introvertidas, que se estimulan con más facilidad y pueden alcanzar el nivel máximo de activación más rápidamente.

5. Concluyendo

Ya hemos dicho en ocasiones anteriores que no hay nada heróico ni positivo en el mero hecho de sufrir. Además, “salir de tu zona de confort” es un consejo con carga ideológica, no es algo neutral. ¡Esto no quiere decir que no pruebes cosas nuevas! Pero es preferible una cierta cautela con la consideración de que las cosas nuevas son la respuesta a todos tus problemas. El riesgo puede ser beneficioso o destructivo, y por su propia definición no pueden anticiparse plenamente sus consecuencias.

Así que, a modo de resumen:

  1. Más esfuerzo o más incomodidad no implican necesariamente mejores resultados: Recuerda a Pareto y la idea del esfuerzo justo del zen.

  2. Revisa tus expectativas: ¿Realmente quieres lo que dices querer, o estás realizando un razonamiento “Disney”? ¿Puedes renunciar a lo que tienes en tu zona de confort a cambio de lo que haya “ahí afuera”?

  3. ¿Necesitas un cambio? ¡No lo llames “zona de confort”! Existen modelos de cambio con lustros de aplicación, como el de Prochaska y Diclemente. Asimismo, hay distintas estrategias con soporte científico, como las que propone Wiseman. E igual de importante, existen estrategias que no funcionan. No pierdas el tiempo con esas.

  4. ¿No estás tan mal? ¡Haz tu zona de confort mayor! Según la ley de Yerkes-Dobson la motivación óptima se consigue con un nivel de activación suficiente, por encima del cual tu rendimiento bajará a niveles tan bajos como si carecieras de motivación. La ansiedad no te beneficiará.

  5. Tu zona de confort es un lugar perfectamente válido para conseguir grandes cambios. Si quieres salir de tu zona de confort, adelante, pero no aceptes el hecho de que es la única manera de cambiar el mundo.


  1. Sin agobiar. 

  2. El libro “zen y el arte del tiro con arco” se lee en una tarde, y es una buena introducción a esta idea. Además, está escrito desde la perspectiva de un occidental, lo cual puede simplificar las cosas. 
  3. Si lo fuera, sería un lío. Todo el mundo sería Batman. 
  4. 59 seconds. Think a little, change a lot. Richard Wiseman. Capítulo 3: Motivation. 

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