Otro Día del Perro sin Raza

(Este texto fue publicado originalmente en mi facebook el 29 de mayo de 2016, con motivo del Día del Perro sin Raza. Hoy lo recupero para la ocasión).

Otra vez nos pilla por sorpresa el Día del Perro sin Raza. Otra vez me resisto a pensar que Gaspode, Gaspodete, Pou; nuestro perrito maravilla, sea un perro sin raza. Será por raza. Que sí, que es mestizo, que es cruzado, que es un mil-leches. Como si fuera algo malo. Es un perro que ha sabido evolucionar, que no se ha quedado en los cruces endogámicos a los que hemos condenado a otros perros. Es un X-dog: un Guaulverine, con su superolfato, sus superpatas, sus supermimos, siempre dispuesto a combatir a sus archienemigos, el aburrimiento y la tristeza. Bueno, y a las palomas. Sobre todo, a las palomas.

Mucha gente nos para por la calle y nos pregunta que de qué raza es. Cuando les respondemos, a veces no nos creen. Que no. Que ya habían visto otro igual (no se extrañe, bajamos mucho a la calle). Que no, que lo habían visto en otro sitio (es que nos movemos mucho). Que no, que lo habían visto en una revista (no descartamos que osados paparazzi caninos le sigan para hacerle fotos a escondidas. Será por eso que es tan celoso de su intimidad). Que no, caray, que yo ya he visto a este perro (y vuelta a la casilla de salida).

La verdad es que Pou tiene un hermano y una hermana, y a lo mejor por eso la gente cree haber visto un perro parecido (o quizás sea por sus andares de bailarina y su porte de caballo percherón, que imaginamos rasgos familiares). A veces pensamos en hacer pesquisas y orquestar un reencuentro familiar de Asturcorgis mirabilia; lo mismo al juntarse decidían hacer un supergrupo para combatir el crimen, como las Supernenas. Pero luego, ya se sabe, se nos mete la vida en medio y nunca acabamos de concretar.

Mientras tanto y no, nuestro perro sigue con su doble vida de perro normal de día y su identidad secreta de protector de nuestros sueños de noche. A ver quién te dice que no, perrito maravilla. Ya nos va bien con seguir viviendo la vida contigo.

Quizás antes del próximo Día del Perro sin Raza te compremos una capita roja, o un arnés con una G en el pecho. Aunque, si soy honesto, lo más probable es que se nos pase la fecha hasta que lo leamos por ahí. No nos lo reproches: te volveremos a compensar con una salchicha que comerás incrédulo de tu buena suerte. Nos sabrás perdonar, espero, porque, a fin de cuentas, habremos estado muy liados corriendo por los parques, vigilando los quehaceres de la gente del barrio, persiguiendo palomas, comiendo la comida de gatos que nos tira nuestro hermano Tales. Viviendo, en resumen, esta vida perra.

Y bendita vida, perrito maravilla. Bendita vida.

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