Desmontando Roland Garros: Una Sociología urgente del deporte

La polémica de Roland Garros de la semana pasada me ha dado el impulso necesario para abordar el ambicioso proyecto de una Sociología del Deporte1. No es un campo enteramente original, dado que existen obras que tratan este tema (más profundo de lo que parece) en detalle, pero ninguna de esas obras contaban con dos claras ventajas que sí que presenta mi enfoque:

  1. Muy poco interés por el deporte
  2. Mucha prisa.

Bien pensado, puede que no sean ventajas, pero ya es tarde para cambiar de tema (en concreto, por el punto 2.). Y aún así, en el mejor espíritu olímpico, nada de esto nos va a impedir abordar, no ya una Sociología, sino una Sociología Urgente del Deporte con garantías. Citius, altius, fortius.

Nuestro programa de trabajo partirá de una exploración de los elementos básicos del deporte, centrándonos en el caso del tenis (disciplina en la que soy experto por haber jugado varios partidos al “Tennis Masters” en la playstation 2), y de ahí progresaremos hasta poder explicar de forma satisfactoria el abandono de la competición de la tenista Naomi Osaka, motivada por sus discrepancias con la organización del torneo “Roland Garros” (se pronuncia “Golán Gagós”) sobre las ruedas de prensa obligatorias.

Presentamos una Sociología Urgente que nadie ha pedido y que nadie necesita, pero no podemos parar de crear.

1. Sociología: estableciendo el marco.

Existen muchas definiciones de la Sociología. Mi favorita sigue siendo “la explicación penosa y pedante de lo evidente”, pero, como no es muy operativa para el caso que nos ocupa, utilizaremos una más clásica, como puede ser “el estudio de los hechos sociales y el carácter social de la realidad”. Como el deporte es un hecho constituido casi por entero por su carácter social2 podemos construir sobre esta idea.

Definiciones urgentes3:

Vamos a esbozar una serie de definiciones rápidas para poder elaborar nuestra Sociología urgente.

Deporte: Actividad de carácter lúdico/competitivo sujeta a una serie de reglas que establece las condiciones de victoria.

Deportista: Persona, en general humana, que practica un deporte.

Pelota: Chisme redondo que bota. Viene en distintos tamaños. Es muy importante en muchos deportes, incluido el tenis y la petanca.

Organización deportiva: Institución asociada a un deporte que garantiza el cumplimiento de unos determinados estándares en su práctica, ya sea referido a las reglas (Federación Internacional del Tenís) o representando una determinada competición (Roland Garros) o colectivo (ATP y WTA, en el caso de tenistas).

Público: Conjunto de personas que observan a deportistas practicar un deporte. Normalmente lo hacen sentadas y a la sombra, y no es raro verlas con una cervecita. Lo pueden hacer de forma presencial o a distancia. Esta última variante ha adquirido gran importancia con el paso de los años.

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Si están sentados, mirando en la misma dirección y hay al menos una cerveza, no hay duda: es público.

Afición: Público que apoya a algún deportista o equipo concreto. Se caracteriza por bañarse en fuentes cuando se producen los resultados (deportivos) apetecidos, que es algo que queda muy raro hacer con otras aficiones no deportivas.

Rueda de prensa deportiva: Acto social en el que se pone a deportistas a un lado y a periodistas al otro y los segundos arrojan preguntas a los primeros. Su interés es limitado, porque hablar de por qué la pelota botó así y no asá llega hasta donde llega, pero las modernas concepciones del deporte les han dotado de una gran importancia porque son ocasiones buenas para poner anuncios.

Según determinadas organizaciones, la rueda de prensa es una parte indisoluble de la práctica deportiva y debe perseguirse a quienes no participen en ellas hasta el extremo de la expulsión federativa, el rapado obligatorio del pelo o el insulto en redes sociales.

2. Deporte: creando el modelo.

Vamos a poner en movimiento estos elementos y ver si algo tiene sentido o si estamos condenados al nihilismo. Como esto es Sociología urgente, pero Sociología, a fin de cuentas, vamos a intentar definir un modelo de funcionamiento estableciendo una serie de momentos que puedan representar, con cierto trazo ancho, cómo hemos llegado a la situación actual:

Surgimiento del deporte : El deporte aparece cuando un grupo de personas practica una actividad lúdica competitiva, con reglas definidas de victoria, y ésta alcanza popularidad suficiente como para que sus normas adquieran un mínimo de estandarización (aunque sea tácita). La principal diferencia entre el juego y el deporte es normativa y de normalización, aunque esa diferencia es sutil y problemática. Por eso el billar es un deporte y el futbolín, no4.

Aparición del público y de la afición deportiva: Con suerte, ese deporte genera un interés en un sector suficiente de la sociedad, que observa su práctica como público . Aparecen preferencias por determinados equipos o participantes, con lo que surge la afición. Lo de quedar antes de los partidos para medirse las costillas con un palo todavía vendrá un poco más tarde, aunque siempre haya habido gente que se intercambia navajazos tras la contienda por una discrepancia sobre la interpretación de una regla de la lucha leonesa, por poner un decir.

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—¡Te digo que botó en la línea! —¡Ven, que te voy a dar yo línea!

Normalización de la práctica deportiva: Se crean distintas organizaciones deportivas (clubes, asociaciones de jugadores, federaciones) que inician una estandarización mayor de las reglas y encauzan el interés hacia la obtención de beneficios estables: ingresos económicos, mejora de las condiciones de los practicantes.

Profesionalización: La existencia de excedente y el interés del público permite la aparición de profesionales del deporte. A partir de este punto se producirá una tensión constante entre el deporte amateur y el profesional, que se va a acabar resolviendo progresivamente a favor del segundo a partir de la segunda mitad del siglo XX.

Cooperación y competición entre organizaciones: Se compite por la hegemonía normativa y sancionadora, por la legitimidad. Esto permite controlar no solo la estandarización (e imposición) de normas, sino también el establecimiento de la prelación entre los practicantes: rankings, premios, categorías… Las organizaciones establecen los mecanismos por los que se define quién es mejor en la práctica del deporte, y sus distintas modalidades. Es algo útil, pero también sujeto a conflictos. También tiene ventajas sobre otros métodos más violentos para determinar quién es el mejor en algo, como sabe cualquiera que frecuentase las salas de recreativos en los años 90 del siglo pasado.

Puede haber una organización principal única y de alcance mundial o varias, fragmentadas según territorios o visiones incompatibles (como la NBA y la FIBA en el baloncesto). En el caso del tenis, su historia institucional moderna se explica en parte en torno a la tensión entre la Federación Internacional del Tenis (ITF) y la Asociación de tenistas profesionales (ATP), pero también por su colaboración. También existen otros contrapesos de poder como las organizaciones de algunos torneos, como el de Roland Garros.

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¡Organizar un torneo es fácil! ¡Pregúnteme cómo!

Institucionalización y capitalización: Los elementos del modelo comienzan a institucionalizarse, a actuar como agentes independientes con agendas y dinámicas propias, distintas a las resultantes (o intereses) de sus integrantes. Por ejemplo: la ATP toma medidas que lo mismo no sirve tanto a los intereses de sus integrantes como a los suyos propios.

Igualmente, se ponen en marcha procesos de capitalización , por las que las organizaciones buscan aumentar su valor especulativo sin un aumento paralelo de su valor intrínseco, como la publicidad, la venta de derechos de imagen, los clubes deportivos que cotizan en bolsa.

Alejamiento y cambio de visión de la organización : Las organizaciones deportivas se alejan de la práctica deportiva y adoptan criterios empresariales. El bienestar de sus deportistas o el significado del deporte adopta un papel cada vez más secundario. El público es un agente a tener cada vez menos en cuenta. La valoración económica se convierte en el activo principal. Como en otros ámbitos productivos, se establecen campañas de imagen y de publicidad para intentar ocultar este hecho, atribuyendo a las estrellas del deporte atributos heroicos y morales, y equiparando la práctica deportiva con la conducta virtuosa.

Transversalidad de la desigualdad: Las formas generales de discriminación, como el racismo o el sexismo, encuentran su lugar en la práctica deportiva, replicándose en ocasiones dentro de las propias estructuras organizativas. En el caso del tenis, la profesionalización de sus practicantes siguió caminos separados con la fundación de la ATP (masculina) y WTA (femenina), asociaciones que velan por los intereses de los jugadores de forma separada en virtud del sexo.

Con estos elementos tenemos el entorno perfecto para que los intereses de las organizaciones deportivas puedan ser contrarios a los de las personas que practican el deporte. Organizaciones contra personas. Parece el signo de la modernidad.

Urgente: poniendo la importancia en su sitio.

Hemos bocetado un modelo sociológico urgente de la práctica del deporte, tan escueto como temerario. En el modelo destacábamos algunos elementos: deporte, deportista, organización deportiva y público, principalmente. También la tensión que puede surgir entre esos elementos, sobre todo entre el nivel organizativo y el personal.

Vamos a ir más allá y a introducir una valoración moral tristemente necesaria con la que pueden discrepar si ese es su deseo: Y es que debería considerarse a deportista y público como elementos centrales del sistema, por su carácter, en fin, netamente humano, mientras que los otros dos elementos, deporte y organizaciones deportivas serían secundarios, dado que no dejan de ser construcciones sociales y no sangran si les pinchas5.

Una vez bocetado este modelo urgente del deporte moderno vamos a aplicarlo a la reciente actualidad de forma para nada ad-hoc, y hablar sobre como la tenista japonesa Naomi Osaka se ha visto en los últimos días en el centro de una pequeña conmoción en el mundo del tenis.

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Si el tenista supera la línea de la red es falta

La situación, muy resumida, ha sido así: Al comienzo del torneo de Roland Garros, uno de los más importantes del mundo del tenis, Osaka expresó su intención de no participar en las ruedas de prensa postpartido (véase definición de “rueda de prensa”). Tras faltar a su primera cita, la organización (véase definición de “organización deportiva”) la sancionó económicamente. Frente a su negativa continuada, la organización la amenazó con medidas más severas, incluidas la expulsión.

En ese punto, Osaka emitió un elegante comunicado en el que señalaba como base para su decisión su condición mental. Dijo que lleva sufriendo una depresión desde su primera victoria en un Grand Slam. Dijo que tiene un carácter introvertido y que sufre de ansiedad social, y que las ruedas de prensa empeoran la situación. Y dijo que, dadas las circunstancias y la postura de la organización, renunciaba a su participación en el torneo y, de momento, al circuito profesional.

Osaka es mujer, negra, asiática e introvertida, y si creen que esto no tiene nada que ver porque vivimos en una utopía liberal donde el logro es el determinante último del éxito, pues yo qué quieren que les diga: tienen una percepción de la realidad muy distinta a la aquí planteada.

El racismo, el sexismo y otras formas de discriminación encuentran su lugar en la práctica deportiva, replicándose en ocasiones dentro de las propias estructuras organizativas.

Puede ser buen momento para recordar que en los últimos años el tenis ha vivido varias polémicas relacionadas con el sexismo, como la disparidad salarial o el distinto rasero presente en aspectos tan triviales como cambiarse la camiseta durante un partido. Serena Williams señala que como mujer negra siempre se ha sentido “mal pagada e infravalorada“. Otras mujeres negras del circuito como Taylor Townsend refieren mayor dureza en los controles o, sencillamente, la humillación de que la confundan continuamente con una de las hermanas Williams.

Las reacciones a la decisión de Osaka han sido variopintas: ha recibido tanto apoyos como críticas, aunque desde el circuito profesional parece apoyarse, de forma más o menos matizada, su decisión. Hay excepciones. Déjenme señalar, por tocar de cerca y por su especial penosidad, las palabras de Toni Nadal en el diario El Pais diciendo que Osaka no se estaba quejando bien (estoy parafraseando) y que en un torneo no se pueden hacer distinciones, aunque eso implique participar en actividades extradeportivas que están afectando a tu salud mental. Sobre el encaje de esta opinión con otras polémicas como cuando su (ex)pupilo, Rafa Nadal, decía después de perder que o le ponían la tierra del color que él quería o no jugaba más no menciona nada.

Desde nuestra perspectiva de Sociología urgente encajamos así los hechos: Una deportista está sufriendo o viendo agravavado un problema de salud por la obligación de participar en una actividad de carácter no deportivo de un torneo. No se trata de una lesión o un daño articular derivado de la propia competición. Es un daño producido por una actividad extradeportiva, añadida por la organización, dentro de sus procesos de capitalización. Las ruedas de prensa dan titulares. Permiten situar publicidad. Permiten crear cultura del espectáculo. Hacen que aumente el valor especulativo del torneo y facilitan la aparición en los medios de comunicación. La única salida que le queda es retirarse. Abandonar ese espacio.

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–¿Qué estamos haciendo, Darlene? –No lo sé, Morris, pero estás flojeando con el revés…

Han surgido algunas voces diciendo que las ruedas de prensa son buenas para todo el mundo, pero esto es sencillamente mentira. Para las personas introvertidas una exposición obligatoria a los medios al finalizar un partido es algo más que una molestia: es, como poco, una desventaja competitiva. Peor aún, si se prolonga esa obligación en el tiempo se puede convertir (y eso denuncia Osaka) en un riesgo o en un daño para la salud. Pueden surgir deportistas extrovertidos diciendo que una rueda de prensa no hace daño a nadie, pero eso es (perdónenme el exabrupto) la misma mierda que la gente extrovertida dice siempre. Siguiendo esa lógica, la organización podría forzar a las participantes del torneo a una donación de sangre al acabar los partidos, con pena de expulsión para quien se niegue, y tendríamos a deportistas con hipervolemia diciendo que es algo maravilloso que beneficia a todo el mundo.

Según el modelo esbozado anteriormente, lo que estamos observando es que la organización de un torneo está imponiendo su papel preponderante en el universo institucional del deporte para obligar a la deportista a tomar decisiones extradeportivas que pueden ser perniciosas para la salud. Para lograrlo, aluden al interés del público en obtener una mayor información, justificación última de las ruedas de prensa. El público, ese colectivo del que ya nadie se acuerda excepto para justificar lo que sea hablando en su nombre.

Otros deportistas, menos dados a los eufemismos, dicen que el circo mediático es necesario para mantener su popularidad y el foco en su persona. Porque el deporte por si mismo, parece insinuarse, igual ha dejado de tener suficiente interés en este momento de la historia. Porque el deporte moderno ya no consigue sostenerse solo en base al deporte.

Siguiendo esa lógica, la organización podría forzar a las participantes del torneo a una donación de sangre al acabar los partidos, con pena de expulsión para quien se niegue, y tendríamos a deportistas con hipervolemia diciendo que es algo maravilloso que beneficia a todo el mundo.

¿Cómo creen que deberían jerarquizarse los elementos de nuestra pequeña Sociología del Deporte? ¿Deberían las organizaciones tener más importancia que las personas? ¿Tiene sentido estar siquiera considerando esto cuando, en el fondo, estamos hablando de elegir entre la salud mental y golpear una pelota, un chisme redondo, con una raqueta?

Podemos ir culminando esta Sociología Urgente reiterando la idea de que el deporte es menos importante que casi cualquier otra cosa, y que hemos necesitado el desarrollo de complejísimos sistemas socioculturales para que pensemos lo contrario.

Ya dejaremos para otro día la aplicación de nuestro modelo urgente para explicar cómo el ser bueno dando patadas a un balón puede adelantarte el turno de vacunación frente a la pandemia de moda.


  1. Bueno, quizás “ambicioso“ no sea el adjetivo más adecuado, pero no pasa nada, porque “proyecto” también sería excesivo ↩︎
  2. El deporte tiene un aspecto físico, pero todos sus significados son marcadamente sociales. ↩︎
  3. Una definición urgente es como una definición normal, pero para gente con prisa ↩︎
  4. En última instancia, y de forma un tanto tautológica, deporte es aquello que la sociedad considera deporte. ↩︎
  5. Quizás quieran argumentar que del éxito de las organizaciones deportivas dependen otros elementos humanos, como la creación de riqueza o de puestos de trabajo, pero en este blog vamos a seguir trabajando sobre la tesis que todo aquello derivado de golpear una pelota con una raqueta no justifica más daños para la salud que los autoinflingidos voluntariamente por la propia práctica deportiva. ↩︎

4 comentarios

  1. Para los mirones de los laterales de la pista de juego, ¿es bueno el cuello mover la cabeza siguiendo la trayectoria de la pelota, o será mejor hacer el ejercicio solamente con los ojos?
    ¿Y mover la cabeza asintiendo o negando los aciertos y errores del juez de silla y de los de líneas?
    Ahora me surge el recuerdo de aquel locutor, cuyo nombre era…., diciendo ¡Entró, entró ! Se refería a la pelota, claro..

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  2. muy interesante colega-fantástico la forma para abordar el tennis, desde un enfoque sociológico, pocos lo han hecho… saludos-abrazosssssss

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